Congestionamiento espacial

Congestionamiento espacial

El 10 de Septiembre de 2009, se calculó que los satélites Iridiun33 y Kosmos 2251 pasarían a 584 metros de distancia sin embargo ese día ocurrió lo peor porque apenas unas horas más tarde en el momento de su máxima aproximación se perdió el contacto con Iridium 33. La conclusión era evidente: los cálculos habían fallado y os satélites habían chocado de lleno a gran velocidad. Los 690 kilómetros del iridium 33 y los 900 del Kosmos 2251 se transformaron en más de 2000 fragmentos de un tamaño superior a 10 centímetros, juntos con cientos de miles piezas más pequeñas.

La basura espacial no está distribuida de manera uniforme en torno al planeta, sino que se acumula principalmente en dos bandas de altitud. La primera de ellas es la llamada órbita terrestre baja (LEO, siglas en inglés de Low Earth Orbit), que comprende la zona situada entre 160 y 2 000 kilómetros de altitud. Salvo el programa Apolo, que nos llevó a la Luna, todas las misiones espaciales tripuladas han tenido lugar en la LEO; ahí es donde se encuentra en la actualidad la Estación Espacial Internacional. Esta órbita también es la preferida para los satélites de reconocimiento fotográfico y de los satélites de observación del clima y el medio terrestre. Otro de sus ilustres huéspedes es el telescopio espacial Hubble, que orbita a unos 600 kilómetros de altura.

La otra franja saturada es la órbita geoestacionaria (GEO), situada a algo más de 36 000 kilómetros de altura. Los objetos que ocupan esta órbita tardan 24 horas en dar una vuelta a nuestro planeta, por lo que se encuentran siempre sobre un mismo punto de la superficie terrestre. Por ese motivo, en la GEO se ubican la gran mayoría de los satélites meteorológicos y los satélites de telecomunicaciones. (El famoso sistema GPS, formado por 24 satélites, no se encuentra en ninguna de estas dos órbitas, sino en una zona intermedia llamada órbita media, a 20 000 kilómetros de altitud.)

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Por un lado, actualmente no hay legislación internacional que controle la limpieza del espacio inmediato a la Tierra. Las principales potencias mundiales (EUA, China o Francia) y agencias espaciales como la ESA y la NASA han establecido algunas leyes nacionales y normativas internas. Pero el pacto no es vinculante, lo que hace que el cumplimiento sea desigual. Al ser cada vez mayor el número de países que cuentan con satélites propios —hoy en día hay más de 100—, sería conveniente implantar un protocolo básico de obligado cumplimiento para todos ellos.

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